ABORDAJE DE LOS TRASTORNOS DE CONDUCTA DE JARO (GOLDEN RETRIEVER)

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Valoración del caso

Entrevista con la dueña

Me reclama M.J., dueña de Jaro un golden retriever de seis años de edad. Durante la entrevista inicial destaca que es agresivo y que gruñe con frecuencia. En una ocasión hace años incluso llego a morderle al tocarle una herida que se hizo en la pezuña. Siente un gran cariño por Jaro y desea lo mejor para él por lo que le da cariño en todo momento, independientemente del comportamiento del perro. Convive con M.J., su hijo de trece años, su hija de veinte y con Maya, un cruce de cocker de una año de edad y de carácter extremadamente nervioso hacia la cual a dirigido alguna corrección violenta. Ella se encarga de sacarlo a pasear, en alguna ocasión lo hace su padre y raramente lo hace su hija que reconoce que Jaro le da miedo y la intimida por su agresividad. Jaro es un ejemplar adulto, de seis años y es un macho no esterilizado. M.J. Me informa de que esta conducta se ha dado siempre, desde que era un simple cachorro y se repite de manera constante, a diario. Cuando esto se produce la dueña lo acaricia para calmarlo mientras gruñe, le habla constantemente, lo intenta corregir utilizando un “no cariñoso”, no utilizando un tono imperativo en ningún momento. En general no utiliza ninguna técnica para jerarquizar la relación del perro con su familia.

 

Por otra parte Jaro sale entre dos y tres veces a pasear pero de manera irregular, porque su dueña hace muchas guardias de 24 horas y por lo tanto pasa mucho tiempo fuera, y cuando se encargan de sus paseos su hija y su padre no le dedican el mismo tiempo que ella. Para pasear utilizan una correa extensible, tira de la misma y siempre acaba dirigiendo el paseo y llegando a los lugares donde desea. Para añadir más caos a los paseos, Jaro los realiza junto a Maya que tampoco obedece a ninguna orden de obediencia y como hemos comentado, es de carácter nervioso. Durante los paseos M.J. Se siente frustrada y acaba agotada físicamente.

 

Exploración del lenguaje corporal y conducta del perro

A mi llegada Jaro se pone tenso y no deja de ladrarme y gruñirme. Yo mantengo en todo momento una actitud de calma, no lo miro a los ojos y dejo que me olfatee. Me gano su confianza en poco tiempo ofreciéndole algo de comida y poniéndome de cuclillas para ponerme a su nivel y que no me  identifique con una amenaza. Cuando Jaro me identifica como alguien amigable y adopta una actitud calmada y sumisa empiezo a acariciarlo con movimiento largos y pausados para premiar y reforzar ese estado de ánimo. Enseguida percibo que el perro tiene un vínculo muy estrecho con su ama, que podría rozar la posesión porque en todo momento intenta permanecer junto a M.J.  Y no permite que yo como extraña me acerque mucho a ella y la toque demasiado. Puntualmente gruñe cuando le niego la comida, aunque en ningún momento deja de mover el rabo y no enseña los dientes. El comportamiento cesa cuando dejo de tocarlo y le doy la espalda.

 

A continuación damos un pequeño paseo con él por el vecindario utilizando una correa reglamentaria y un collar cordino. Compruebo como efectivamente Jaro tira de la correa y dirige el paseo y como en ocasiones a M.J. Le cuesta mantener el equilibrio cuando los tirones son muy violentos. Decido coger yo la correa y al separarme de su dueña el perro se pone muy nervioso de repente y empieza a gruñir, saltar y morder la correa, redirigiendo a mi mano e intenta dirigirse de nuevo hacia su dueña. Corrijo esta actitud con un no en tono imperativo acompañado un tirón firme de la correa en modo de horca hasta que cesa la actitud. En momentos aislados Jaro se relaja y automáticamente premio esa actitud con juego, movimiento y palabras alegres y automáticamente aflojo la tensión del cordino. Cuando el perro vuelve a detectar que no es su dueña quien le pasea y además se aleja de ella, vuelve a repetir este comportamiento que vuelve a ser corregido de la misma manera. Cuando cesa, lo vuelvo a premiar. En unos veinte minutos Jaro tolera que sea yo quien maneje la correa y deja de sentir ansiedad por regresar con M.J., momento en el cual le permito acercarse a ella.

 

Raza. El golden retriever

El carácter del golden retriever es una característica típica de la raza, y suele corresponderse con un perro amable, amigable y confiado. En general son buenas mascotas de familia, y particularmente pueden ser pacientes con los niños, sobre todo si son socializados y entrenados desde cachorros.Al no son perros de una sola persona, un golden habría sido un perro teóricamente ideal para M.J. Al convivir en su casa con su familia y con niños, que contaban con poca edad cuando Jaro llegó a su domicilio. Un golden retriever típico debe ser tranquilo, naturalmente inteligente y dócil, con un excepcional afán de complacer, luego algo ha hecho que Jaro se haya convertido un un perro desconfiado y dominante.

 

Diagnóstico

A raíz de los datos que me aporta M.J. en la entrevista y de lo que observo en la exploración del lenguaje corporal de Jaro, llego a la conclusión de que Jaro es el típico ejemplo de perro que no tiene asumida cual es su posición jerárquica dentro de la familia de M.J. Premiar, en la mayoría de los casos de manera inconsciente, los malos comportamientos y no hacerlo con los adecuados lleva a que el perro asuma una posición jerárquica que no le corresponde, y puede haber contribuido a desencadenar el resto de problemas que Jaro padece, como son la dominancia y la inseguridad.

 

Jaro se muestra dominante con M.J., su comida y en general toda su vivienda. La falta de una jerarquización clara y la convicción de M.J. de que tratar bien a su perro es tratarlo como a una persona y corregirlo de manera firme puede “herir sus sentimientos”, ha derivado en problemas conductuales a consecuencia de la “humanización” del perro (antropomorfismo). Todo esto desemboca en actitudes agresivas secundarias a la inseguridad que Jaro muestra al no tener claro cual es su papel dentro de su familia, que además han sido confirmadas con refuerzos positivos tales como caricias y palabras suaves mientras gruñía, por ejemplo.

 

Plan de trabajo

Educación de la dueña

 M.J. Tiene que aprender a manejar de nuevo a Jaro, y hay que tener la empatía suficiente hacia ella para entender que tras seis años va a ser una tarea dura pero no imposible. A su favor cuenta con que adora a su perro y quiere lo mejor para él y hay que hacerle ver que marcar la jerarquía con Jaro y corregirle cuando presente malos comportamientos va a hacer de su perro un animal más equilibrado, va a mejorar su relación con otros perros y personas y va a aumentar su vínculo con ella. Fijar técnicas de adiestramiento de base, atendiendo al programa de trabajo establecido y teniendo en cuenta el bienestar del animal para conseguir el nivel de interacción adecuado para progresar en su adiestramiento, debe ser una norma para M.J. a partir de ahora. En este sentido, considero que iniciar a M.J. y a Jaro en la obediencia básica puede contribuir a jerarquizar la relación de una manera amena.

 

Plan de trabajo con Jaro

 En primer lugar debemos cambiar el material que utiliza M.J. Desecharemos la correa extensible y la sustituiremos por una correa fija y un collar a cuello simulador de mordida (easywalk).

En segundo lugar explico a M. J. La importancia de ser firme con Jaro y a cómo corregirlo y premiarlo según la situación.

Considero importante trabajar con Maya también. Su hiperactividad se debe a una estimulación insuficiente al no darle la oportunidad de desarrollar sus habilidades innatas y a la falta de ejercicio. Hacerla trabajar en obediencia y quizá entrenarla en algún ejercicio que le exija esfuerzo físico y habilidades (como el agility), contribuiría a relajarla y de paso a no ser un factor estresante para el estado de ánimo de Jaro.